Flores al cielo

¿Cómo hacer una semblanza de alguien que, desde un lugar sencillo y con la menor visibilidad de sí mismo, fue parte de proyectos  tan importantes para los trabajadores y toda la ciudadanía de Río Negro? ¿Cómo encontrar las palabras exactas que describan a este hombre tan comprometido con el otro, que tanto ayudó a tantos?

Una de sus premisas era ‘ayudar siempre, pero más al que más lo necesita‘.

Difícil hablar de él. Las palabras que tanto amaba para plasmar sus proyectos no son fáciles de encontrar a la hora de describirlo.

El profesor y compañero Hugo Muñoz estaba lleno de ideas y pensaba que siempre eran posibles. ‘Nunca paramos de soñar‘ nos dijo hace poco. Nunca dejó de hacer cosas por los trabajadores y por la sociedad, agregamos. Nunca puso freno a sus sueños, añadimos. Arremetió contra el viento de molinos gigantes y no cesó hasta conseguir que sus proyectos tomaran forma y  se hicieran realidad, insistimos. Porque su mirada puesta en la línea del horizonte, en la utopía, hizo que se materializaran proyectos como el PROZOME; El IPROSS; el FOS; el IPAP; la Ley 1844; entre tantos otros.

El profesor Hugo Muñoz ejerció como tal haciendo de la docencia una constante que iba más allá de las aulas, porque él decía que todos ‘somos sujetos de aprendizaje‘. Todo el tiempo. ‘Yo aprendo de todos –decía- todos ustedes me enseñan’. Esa vocación por aprender y enseñar fue el motor para la creación de la RedFensur, que en principio se propuso formar enfermeros en sus zonas de residencia para que se quedaran allí mismo ofreciendo servicios comunitarios y que luego se transformó en la primera Red de Educación a Distancia de la provincia de Río Negro y la Patagonia, primero a través de medios escritos que luego se digitalizaron y posteriormente fueron el origen de los entornos educativos virtuales que hoy es el IPAP.

Hugo, sin ser demasiado consciente de ello, fue un vanguardista. Un impulsor nato de mejoras sociales. Un ser solidario.

Siempre que pudo dio una mano y promovió que otros colaboraran. Invitó a quienes pasaron un rato por su lado a ser solidarios, comprometidos y empáticos. Escuchó miles de situaciones personales en las que se involucró y ‘le buscó la vuelta’. ‘Porque hay que ayudar’, repetía ‘pero más al que más lo necesita’.

Quizá no pudo con todo. Quizá muchos no estuvieron conformes. Pero todo no se puede en una tierra de vientos que mueven los molinos con soplidos imposibles y empujan para atrás. Aunque Hugo igual arremetía.

El profesor Hugo Muñoz es parte de nosotros. El IPAP será un lugar de permanencia para su recuerdo. Él fue la semilla de todo este proyecto de capacitación y formación, fue el mentor de la Redfensur de UPCN que hoy es parte de nuestro instituto.

Los proyectos de Hugo, el IPAP por ejemplo, no empezaban en grandes edificios exclusivos, con pompas y estructuras. No. Como muchas de sus ideas, el las empezaba desde la nada, las organizaba, las veía brotar, las cuidaba y las hacía florecer. Empezaba en tablones de madera apoyados en caballetes. Empezaba tomando la pala  para que otros lo siguieran y sembraran sus semillas al proyecto inicial. Siempre delegando y confiando en el otro, en sus capacidades, en sus fuerzas y en sus compromisos.

No, no es fácil hacer una semblanza justa de Hugo Muñoz. Nos quedan miles de historias en el tintero. Su cotidianeidad era en sí misma forjadora de historias, cada día, a cada paso, lo encontraba trabajando y pensando en que algo mejor para todos es posible.

Su militancia partidaria era vital, su militancia sindical fue trascendente. Superó sus propios propósitos porque para él, la vida era militancia. La hizo carne en el compromiso que puso a cada paso. Dio de sí, todo. Hasta su último suspiro.

No es fácil hablar de Hugo. Pero queremos hacerlo. Un ratito. Recordarlo, agradecerle, elevar una oración por la paz de su alma. Una oración colectiva y silenciosa. Personal. Que cada uno hará sabiendo por qué. Sabiendo por quienes. Enviando flores al cielo.